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viernes, marzo 27, 2026
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Desperdicio de alimentos agrava crisis hídrica en México

En medio de la creciente presión sobre los recursos naturales, el desperdicio de alimentos se ha convertido en una de las principales ineficiencias del sistema productivo en México, con impactos no sólo económicos, sino también ambientales, especialmente en el uso del agua.

De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, en el país se desperdician cada año alrededor de 20.4 millones de toneladas de alimentos, lo que representa cerca del 34% de la producción nacional.

La producción de estos alimentos implica un consumo superior a los 40 billones de litros de agua, volumen que se pierde sin generar valor, según cálculos basados en la huella hídrica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

El fenómeno cobra mayor relevancia en un contexto donde entre 35% y 45% del territorio nacional enfrenta estrés hídrico, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua y el World Resources Institute.

Para la plataforma Cheaf, esta problemática refleja fallas estructurales en la planeación, producción y comercialización de alimentos.

El desperdicio no es sólo comida que no se vende. Es agua, energía y recursos que ya se utilizaron sin generar valor.

Braulio Valenzuela

Detrás de cada alimento no consumido existe una huella hídrica acumulada que abarca desde la producción agrícola hasta su distribución. Productos como la carne, los lácteos o los granos pueden requerir miles de litros de agua por kilogramo, lo que amplifica el impacto del desperdicio en toda la cadena.

Especialistas advierten que reducir apenas 10% de la merma alimentaria podría significar un ahorro de hasta 4 billones de litros de agua al año, posicionando la gestión de excedentes como una medida inmediata para aliviar la presión sobre este recurso.

Gran parte del desperdicio ocurre en etapas cercanas al consumidor, particularmente en sectores como el retail y el foodservice, donde la falta de métricas e incentivos provoca que los excedentes terminen fuera del sistema sin un destino definido.

A ello se suma el impacto climático. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la pérdida y desperdicio de alimentos genera entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que lo convierte en un factor relevante dentro de la crisis climática.

El problema se intensifica en regiones con alta actividad económica y presión hídrica, como el norte del país, el Bajío y el Valle de México, donde la reducción del desperdicio se perfila no sólo como una necesidad ambiental, sino también económica.

Estamos hablando de un volumen de agua que podría cubrir el consumo anual de entre 40 y 50 millones de personas en México si sólo gestionamos mejor la merma.

Valenzuela

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