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lunes, marzo 9, 2026
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María Eugenia Martínez Flores: La traducción jurídica exige precisión

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la trayectoria de la Dra. María Eugenia Martínez Flores refleja el liderazgo de las mujeres en los espacios académicos y jurídicos. Durante 30 años, desde la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, ha contribuido en consolidación de la traducción jurídica como una disciplina clave para garantizar certeza legal y acceso a la justicia.

En el universo de los códigos, artículos y sentencias, donde una palabra puede modificar el rumbo de una persona, la Dra. María Eugenia Martínez Flores encontró su vocación: traducir la ley con precisión y responsabilidad.

Docente, investigadora y actual Secretaria Académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, su historia profesional corre paralela al crecimiento de la traducción jurídica en el estado.

Egresada de la Licenciatura en Lingüística Aplicada a la Traducción, ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras en 1995; un año después formalizó su nombramiento como docente.

Entré en 1995, pero en 1996 se hizo oficial mi ingreso a la UANL como maestra.

Desde entonces, no se ha separado de las aulas ni del estudio del lenguaje especializado. Cursó la Maestría en Enseñanza Superior y concluyó el doctorado en 2020, consolidando una trayectoria académica centrada en el análisis del discurso.

Su acercamiento a la traducción jurídica comenzó a partir de la práctica. A inicios de los años 2000 empezó a traducir sentencias y documentos oficiales provenientes de Estados Unidos. La complejidad del lenguaje la confrontó.

Cuando empecé a traducir sentencias decía: ‘No entiendo’. Y si no lo entiendo, no lo puedo traducir. Entonces me puse a estudiar. Encontré un libro de Anabel Borja Albi, quien estudia el derecho jurídico desde el punto de vista lingüístico en España, compré sus libros, los estudié, me los aprendí y entendí cómo se trabaja el discurso jurídico.

Esa decisión marcó el rumbo de su carrera. Estudió el discurso jurídico desde la lingüística, pero también desde el enfoque cultural y sociopragmático. Comprendió que no se trata solo de términos técnicos, sino de sistemas legales distintos.

Cada país tiene sus propios códigos y figuras jurídicas; nunca se van a parecer completamente. Esa diferencia es lo que vuelve tan exigente el trabajo del traductor legal.

En 2002, cuando se convierte en perito traductor, asumió la Coordinación del Departamento de Traducción de la Facultad, cargo que desempeñó durante 20 años. Cuando llegó, el área tenía poca proyección externa.

Era muy poco conocido, trabajaba más para la Universidad que para el público. Me di a la tarea de ir a oficialías, notarías y despachos para promover el departamento. Con el tiempo, la demanda creció, impulsada por la globalización y el dinamismo fronterizo de la entidad.

La mayoría de los documentos que recibe pertenecen al ámbito civil: divorcios, adopciones, matrimonios, testamentos o constancias de antecedentes no penales. En todos los casos, la precisión es indispensable.

En la terminología jurídica hay que ser exactos, precisos y claros, porque un error puede tener consecuencias para el cliente.

Para Martínez Flores, el discurso jurídico también enfrenta el reto de volverse más accesible.

El ciudadano quiere saber cómo va su proceso legal. Si no lo entiende, es algo complicado”, señala. Considera que, aunque en México prevalece una tradición basada en códigos escritos, existe una tendencia internacional hacia la modernización del lenguaje legal.

Uno de los temas que más enfatiza ante sus estudiantes es el valor del peritaje. En México, los documentos con efectos oficiales deben estar avalados por un perito traductor autorizado por el Poder Judicial.

Frente al avance tecnológico, mantiene una postura clara: “La inteligencia artificial puede ayudarnos, pero no puede firmar un documento ni asumir una responsabilidad legal. Para que un documento tenga validez, tiene que estar avalado por un perito y por eso formamos a los alumnos con esa responsabilidad”, agrega.

Su experiencia la ha llevado a participar en traducciones de protocolos institucionales y documentos estratégicos, especialmente en un contexto donde los intercambios internacionales son cada vez más frecuentes.

En el Departamento de Traducción, alrededor del 90 por ciento de los textos se traducen al inglés, idioma que funciona como puente jurídico en múltiples países. En el periodo como coordinadora de la Dra. Martínez Flores, 120 estudiantes realizaron su servicio social, algunos forman parte este espacio en la actualidad.

En el ámbito académico, pertenece al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) Nivel 1 y lidera el Cuerpo Académico de Estudios de la Traducción, reconocido en 2025 como Cuerpo Académico Consolidado en su primera evaluación ante PRODEP.

Las líneas de investigación de la Dra. María Eugenia Martínez Flores se centra en la traducción inversa jurídica, y los estudios del lenguaje jurídico desde diversas perspectivas: lingüística discursiva, de terminología, de los sistemas jurídicos mexicano y estadounidense y su repercusión en la traducción inversa.

Después de tres décadas frente a grupo, mantiene intacta la convicción que la llevó a especializarse en esta área: traducir la ley no es solo trasladar palabras, sino garantizar comprensión y certeza jurídica. En su labor cotidiana, cada término elegido busca cumplir un propósito mayor: que la justicia también se entienda.

En el ámbito personal, comparte su vida con su esposo, el maestro Marco Antonio Domínguez Gálvez, y sus hijos Hernán Darío y Aranza Zelenny.

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