El cometa interestelar 3I/ATLAS, oficialmente designado como C/2025 N1 (ATLAS), se consolidó como uno de los objetos astronómicos más relevantes de 2025 al confirmarse que procede de fuera del Sistema Solar.
El objeto fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema de alerta ATLAS en Chile y, desde los primeros cálculos orbitales, mostró una trayectoria hiperbólica, rasgo inequívoco de su origen interestelar.
De acuerdo con el Dr. Carlos Alberto Guerrero Peña, astrofísico de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), este hallazgo convirtió a 3I/ATLAS en apenas el tercer objeto interestelar observado directamente, después de 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov, lo que subraya su importancia científica a nivel internacional.
Las observaciones de seguimiento realizadas por diversos observatorios terrestres y espaciales confirmaron que 3I/ATLAS se comporta como un cometa activo, presentando coma y cola generadas por la sublimación de hielos conforme se aproximó al Sol. Su perihelio ocurrió el 30 de octubre de 2025, mientras que su máximo acercamiento a la Tierra se registró el 19 de diciembre del mismo año, a una distancia segura de aproximadamente 270 millones de kilómetros, sin representar riesgo alguno para el planeta.
Tras este paso, el cometa continuará su trayectoria hacia las regiones externas del Sistema Solar. Se prevé que en 2026 tenga un encuentro relativamente cercano con Júpiter, antes de abandonar definitivamente nuestro entorno planetario.

Desde el punto de vista físico y químico, los datos disponibles indican que 3I/ATLAS posee una composición compatible con la de un cometa, aunque con características propias de un objeto formado en otro sistema estelar.
Se han identificado moléculas volátiles comunes como agua, monóxido de carbono (CO) y dióxido de carbono (CO₂), aunque en proporciones distintas a las observadas en muchos cometas del Sistema Solar. Asimismo, se detectó una abundancia temprana de níquel que se fue normalizando con el tiempo. Variaciones en su brillo, incluidos aumentos repentinos, son consistentes con chorros de sublimación y procesos cometarios bien conocidos.
El Dr. Guerrero Peña destacó que, pese a algunas interpretaciones mediáticas que sugirieron orígenes no naturales, el consenso científico es claro.
No existe evidencia observacional que requiera una explicación artificial o extraterrestre; las pequeñas desviaciones orbitales detectadas se explican por fuerzas no gravitacionales típicas en cometas activos, conclusión respaldada por agencias como la NASA y por múltiples equipos internacionales.
Carlos Guerrero Peña
Desde el Observatorio Astronómico Universitario de la UANL (OAU-UANL), investigadores contribuyeron al seguimiento de 3I/ATLAS mediante campañas de observación enfocadas en el monitoreo de su evolución fotométrica y la estructura de su coma.
Estos datos fueron comparados con reportes de redes internacionales y posteriormente integrados en repositorios académicos, fortaleciendo un enfoque colaborativo y riguroso basado en evidencia científica.
Para quienes deseen profundizar en la información, el especialista recomendó consultar las páginas de divulgación científica de la NASA y reportes especializados de medios científicos internacionales.
El paso de 3I/ATLAS, concluyó el investigador de la UANL, reafirma la relevancia de la astronomía colaborativa a escala global y demuestra que, aunque los objetos interestelares son raros, representan una oportunidad única para comprender la diversidad de materiales y procesos que existen más allá de nuestro Sistema Solar.



