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sábado, febrero 7, 2026
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El jade del Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán: caracterización mineralógica y química de la joya ritual de los mayas*

La Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de su Facultad de Ciencias de la Tierra, contempla como misión el generar contribuciones oportunas, relevantes y trascendentes del avance de la ciencia, la tecnología, la innovación y las humanidades. Esto involucra la colaboración con otras instituciones académicas, por ejemplo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con el cual se abre la posibilidad de participar en el estudio del patrimonio arqueológico nacional, específicamente de muestras de minerales muy apreciados desde la época prehispánica.  

Cuando se menciona la cultura maya vienen a la memoria imágenes de pirámides, su sistema de escritura jeroglífica, sus registros astronómicos, los rituales asociados a su rica mitología y el uso magistral de diversas materias primas que otorgaban de color a sus edificios, vestimenta y objetos rituales. Entre los materiales utilizados por esta civilización mesoamericana, el jade destaca por encima del resto. En términos coloquiales se le ha denominado “piedra verde” (“yax” en idioma maya). Con él se fabricaron piezas de orfebrería, ofrendas funerarias, máscaras y objetos ceremoniales (Figura 1), que además simbolizaba vida, poder y conexión espiritual. Su valor era tal que su uso estaba reservado para las elites y los rituales.

Figura 1. Cabeza de jaguar con incrustaciones de jade, Templo de Kukulcán, Chichén Itzá (https://www.lajornadamaya.mx/opinion/29436/un-jaguar-resucitado).

En arqueología, una de las interrogantes importantes de determinar es: ¿de dónde se obtenían las materias primas utilizadas en las sociedades del pasado? Esta información permite deducir posibles rutas comerciales, identificar si un grupo tenía el control exclusivo sobre una fuente de materia prima o localizar talleres donde se realizaban objetos específicos. En el caso del jade maya se ha propuesto que provenía de afloramientos ubicados en la cuenca del río Motagua, Guatemala. Y aunque existen algunos trabajos previos de caracterización de “piedras verdes” recuperadas en las grandes urbes mayas de Yucatán, los estudios de comparación con el jade guatemalteco son escasos. De esta forma, en la Facultad de Ciencias de la Tierra, UANL, se planteó el desarrollo de un proyecto de tesis de licenciatura con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia – Mérida. Este consistió en la determinación del arreglo de minerales y de la composición química de muestras de “piedras verdes” recuperadas  en la zona arqueológica de Chichén Itzá (Figura 2). Este material está constituido en su totalidad por fragmentos de dimensiones centimétricas, sin utilidad para la exhibición y que forman parte de las piezas recuperadas en las dos temporadas de exploración del Cenote Sagrado de 1967 y 1968, encabezadas por el arqueólogo y antropólogo mexicano Román Piña Chan (Figura 3).

En idioma maya, el nombre Chichén Itzá significa «boca del pozo de los itzáes», el cual hace referencia al Cenote Sagrado, una estructura geológica de disolución y colapso (Figura 4a). Para los mayas este sitio representaba la entrada al inframundo en donde residía Chaac, el dios de la lluvia (Figura 4b). Se ha reportado que la práctica de sacrificios humanos en el cenote, en su mayoría infantes entre 6 y 12 años, se relaciona con rituales de petición de lluvia especialmente en temporadas de sequía. Chichén Itzá también alude a los llamados itzaes, señalados en las fuentes coloniales como los habitantes del sitio durante su crecimiento y apogeo. Chichén Itzá tuvo sus inicios alrededor del 600 a.C., durante el periodo Clásico Tardío, siendo contemporánea entre otros con los sitios de Uxmal, Izamal y Ek´Balam. A partir del 900 y hasta 1200 d.C., Chichén Itzá se convirtió en la principal urbe maya del norte de la Península de Yucatán, periodo durante el cual se construyeron edificios monumentales, entre ellos la pirámide dedicada a Kukulcán, conocida como El Castillo (Figura 2), y el observatorio astronómico, también denominado El Caracol. El declive de Chichén Itzá sigue siendo un tema controversial, pero algunas teorías sugieren que fue el resultado de conflictos internos entre los linajes gobernantes, quienes fundaron nuevas ciudades como Mayapan. Al momento de la llegada de los españoles, la ciudad ya había sido casi abandonada, más no el Cenote Sagrado que se convirtió en un importante centro de peregrinaje, por lo que el primer obispo de Yucatán, Fray Diego de Landa, lo llegó a comparar con Roma y Jerusalem.

Dos preguntas generales se consideraron para delinear los objetivos de la tesis: (1) ¿las “piedras verdes” de Chichén Itzá realmente están constituidas por jade o incluyen otras especies minerales?  y (2) ¿el material recuperado es comparable en su mineralogía y en su química a aquel expuesto junto al río Motagua en Guatemala? Se partió de la hipótesis de que las piezas de “piedras verdes” de Chichén Itzá provenían principalmente del valle de Motagua, en Guatemala, una zona famosa por sus depósitos de jadeíta. El material habría sido transportado a través de la denominada Gran Ruta Comercial del Oeste que conectaba Guatemala con las urbes del norte de la península de Yucatán. La respuesta a estas preguntas, así como la validación de la hipótesis se expone a continuación.

Figura 2. Vista panorámica de la pirámide de Kukulcán, Chichén Itzá (imagen tomada por el segundo autor).

De acuerdo con la mineralogía, el término “jade” representa a dos especies minerales de silicio y oxígeno del grupo de los piroxenos (la jadeíta Na[Al, Fe+3]Si2O6 y la onfacita [Ca,Na][Mg, Fe+3, Al]Si2O6) y a uno del grupo de los anfíboles (la nefrita Ca2[Mg, Fe+2]5[Si8O22][OH]2). Estas especies son poco comunes, ya que requieren condiciones geológicas particulares para su formación. En la región del Caribe-Centroamérica se ha reportado la ocurrencia de jade en las localidades Río San Juan (República Dominicana), Sierra del Convento (Cuba) y Valle de Motagua (Guatemala). El origen de estas especies exóticas de piroxenos y anfíbol ha sido relacionado a los procesos de la subducción de la placa del Pacífico que ocurrió entre el Cretácico y el Eoceno en esta zona.

En contraste, el término arqueológico “piedras verdes” puede incluir, además de los piroxenos y anfibol, otras familias de minerales de coloración verde como la albita NaAlSi3O8, la serpentina [Mg, Al, Fe, Mn, Ni, Zn]2-3[Si, Al, Fe]2O5[OH]4 o el cuarzo SiO2. De esta forma, las “piedras verdes” de Chichén Itzá en realidad podrían representar una mezcla de piroxenos y anfiboles con estos minerales. Su resistencia y coloración verde se incrementaría con el aumento de la concentración de las fases principales.

La caracterización del arreglo de minerales de las muestras bajo estudio se efectuó aplicando modernas técnicas instrumentales, tal como el análisis de microscopía de luz polarizada y transmitida, la espectroscopía de infrarrojo y la difracción de rayos-X. Por otra parte, la composición química se determinó aplicando métodos de microsonda electrónica y de espectrometría de masas. Es importante señalar que estos análisis fueron realizados en laboratorios de la Universidad Autónoma de Nuevo León, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional – Mérida.

Los datos mineralógicos y geoquímicos fueron organizados en una base de datos y posteriormente descritos y analizados. Por otra parte, se realizó una búsqueda exhaustiva de información en la literatura especializada sobre la composición mineralógica y química de los depósitos de jade expuestos en el valle de Motagua. Esta “huella” mineralógica y química se comparó con la mostrada por las “piedras verdes” de Chichén Itzá. El análisis mineralógico (Figura 5) reveló que el material recuperado en Chichén Itzá está constituido por clinopiroxeno sódico (jadeíta [56-88%] y onfacita [2 y 6%]), mezclado con albita (menos de 37%) y cantidades traza de nontronita (Na0.3Fe2{[Si,Al]4O10}[OH]2 · nH2O), moscovita (KAl2[AlSi3O10][OH]2) y analcima (Na[Si2Al]O6·H2O).

Diversos diagramas que consideran elementos traza (con una concentración menor a 0.1% en peso) confirman que las “piedras verdes” de Chichén Itzá son comparables a los que caracterizan al jade guatemalteco, lo que indica la validez de la hipótesis planteada en este trabajo. Por otra parte, la coloración verdosa estaría relacionada a las relativamente altas concentraciones de cromo.

De esta forma, la aplicación de métodos de mineralogía y geoquímica ha permitido caracterizar el material recuperado en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá y rastrear su posible fuente de procedencia, lo que evidencia las rutas de intercambio y las conexiones culturales existentes en el antiguo mundo maya. Esperamos que esta contribución de colaboración entre la Universidad Autónoma de Nuevo León e instituciones nacionales sea de su interés. Y recuerden: “Cada muestra mineral guarda dentro de sí una historia. A través de la aplicación de métodos y herramientas de las Ciencias de la Tierra, podemos descubrirla”.

AUTORES*

Jan Niklas López Hickthier1, Fernando Velasco Tapia1,*, Claudia Aracelí García Solís2, Augusto Antonio Rodríguez Díaz3, Patricia Quintana Owen4,Pedro Rodríguez Saavedra1, Uwe Jenchen1, Juan Alonso Ramírez Fernández1 & Rubén Alfonso López Doncel5

1Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Ciencias de la Tierra; Ex – Hacienda de Guadalupe 67700 Linares, N.L.; *E-mail: fernando.velascotp@uanl.edu.mx

2Centro Instituto Nacional de Antropología e Historia – Mérida; Calle 10 310A, Col. Gonzalo Guerrero 97119 Mérida, Yuc.

3Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Geofísica; Circuito de la Investigación Científica s/n, Ciudad Universitaria, Alcaldía Coyoacán, 04510 Ciudad de México.

4Laboratorio Nacional de Nano y Biomateriales, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados – Instituto Politécnico Nacional – Mérida; Antigua Carretera Mérida Progreso km. 6, Loma Linda 97310 Mérida, Yuc.

5Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Instituto de Geología; Av. Dr. Manuel Nava # 5, Zona Universitaria, 78240 San Luis Potosí, S.L.P.

Notas

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