Desde septiembre de 2022, habitantes de comunidades ubicadas entre los municipios de Los Ramones y Cadereyta Jiménez viven en condiciones de aislamiento tras la caída del puente que los comunicaba, obligándolos a cruzar el río San Juan en una balsa improvisada, con riesgos constantes para su seguridad, salud y economía.
Eduardo Rubén Pérez, vecino del rancho Las Alazanas y uno de los principales afectados, relató que el puente colapsó durante una creciente del río y, desde entonces, la comunidad ha tenido que improvisar cruces temporales que han sido arrasados en repetidas ocasiones.
Ya vamos para tres años y medio batallando. Somos mucha gente la que ocupamos este paso: estudiantes, trabajadores, personas mayores y enfermos.
Eduardo Rubén Pérez

El impacto ha sido profundo. De acuerdo con Pérez, varios menores han dejado de asistir a la escuela debido a la imposibilidad de cruzar el río de manera segura, mientras que personas enfermas enfrentan serias dificultades para acudir a citas médicas.
Yo tengo una cita en el hospital y no sé cómo le voy a hacer. Si se presenta una emergencia en la noche, no hay manera de salir.
La situación también ha afectado la actividad económica y agrícola de la zona. Habitantes señalaron que en los últimos dos años no se ha sembrado trigo, ya que no hay forma de trasladar insumos ni de sacar las cosechas. En temporada de lluvias, las comunidades quedan completamente incomunicadas.
Margarita, otra vecina afectada, aseguró que la falta del puente “les partió la vida” a las familias de ambos lados del río; pidió apoyo al Gobierno del Estado y al Gobierno federal para resolver el problema.
Por aquí uno estaba acostumbrado a pasar. Ahora dependemos de que los hijos nos traigan comida o de arriesgarnos.
Margarita

Ante la falta de infraestructura, Alfonso Cervantes Machorro, poblador de la zona, apoya diariamente a unas 25 personas para cruzar el río mediante una balsa. Explicó que, aunque se han tomado medidas de seguridad como el uso de chalecos salvavidas, el riesgo es constante.
La balsa no es un juguete, se pone en peligro la vida. Ya se ha caído gente y ha sido muy estresante.
Cervantes Machorro
Cervantes advirtió además que, si no se realiza un desazolve del río y se construye un puente elevado, cualquier nueva estructura podría colapsar nuevamente en una creciente. Señaló que la comunidad está dispuesta a cooperar con mano de obra y recursos, aunque reconoció que se trata de una obra mayor que requiere la intervención de autoridades estatales y federales.

El caso de doña Elvira, una mujer de 80 años que debe cruzar el río de rodillas en la balsa para acudir a sus citas médicas, refleja la vulnerabilidad de los habitantes. Su familia relató que un pariente permanece hospitalizado tras caer al río durante el cruce.
Cruzamos con miedo, pero no nos queda de otra.
Los pobladores reiteraron su llamado a las autoridades para que atiendan una problemática que consideran básica y urgente. “No tener puente es como no tener piernas”, coincidieron, al denunciar el abandono y la falta de respuesta tras casi cuatro años de espera.



